viernes, 11 de febrero de 2011

Regalando drogas y lavando dinero

Regalando drogas y lavando dinero

15 diciembre de 2009
Por Juan Carlos Santa Cruz

Quisiera que reflexionemos acerca de la peligrosidad del narcotráfico y de los narcotraficantes en Nicaragua. La reflexión tiene un enfoque sociológico y no pretende sustituir el método policial. Es una reflexión de manera que algunas afirmaciones están respaldadas con ejemplos y otras sólo con aseveraciones propias de la lógica del accionar delincuencial de los mismos.

Uno de los perfiles del narcotraficante es el violento por excelencia, en donde los escrúpulos no existen. En esta dirección utilizan procedimientos variados contra quienes obstaculizan sus objetivos, en el sentido que les delaten, etc. Esos mecanismos coercitivos llegan hasta la muerte del afectado y todos sus familiares, incluyendo a las fuerzas armadas que se enfrentan a ellos,como ocurrió recientemente en Walpa Siksa en la Costa Atlántica.

Precisamente, siempre que ocurren acontecimientos ligados al narcotráfico focalizamos nuestro análisis en el estilo violento, en las armas que portaban, en sus chalecos antibalas, sus equipos de comunicación, en sus aviones y lanchas. Ese es el aspecto operativo de la violencia, y en ella se observa su extrema peligrosidad, pero no es la única.

Por ejemplo, un narcotraficante, no compra una finca de ojos cerrados, e instala en ella una pista de aterrizaje y luego opera con avionetas, como ocurrió en Samaria, municipio de Villa el Carmen, en donde los narcos enterraron una avioneta que se les averió, y la enterraron a varios metros bajo tierra. Ello implicó contratar maquinaria pesada, trabajadores, etc.

Unos meses antes habían comprado esa finca, con el pretexto de que daba al mar y querían hacer un camino de acceso, etc.

Ahora nos enfrentamos a la dramática situación de Walpa Siksa que forma parte del estilo clásico de penetración de los narcos a una población pobre, alejada de los beneficios urbanos. Creemos que las respuestas del Gobierno están al alcance de la mano y que aún está a tiempo de iniciar la contraofensiva. Es un caso grave de penetración de la narcoactividad en la población pobre, pero no es un mecanismo sofisticado, que escape a la atención integral.

Quisiéramos focalizar nuestro análisis en casos graves, en donde las respuestas integrales no bastan, se trata del lavado de dinero que también nos ha invadido en Nicaragua.

Los ciudadanos sabemos muy poco del lavado de dinero, y en Nicaragua casi no conocemos información pública al respecto. Todos los actos de corrupción son deleznables y el lavado de dinero es una de las fases terminales de la misma. Lavar o blanquear dinero es un procedimiento delincuencial de altos niveles de sofisticación. Consiste en los procedimientos utilizados por mafiosos para convertir dinero fruto de comercialización de drogas u otros actos ilícitos en dinero de aceptación pública. Sería erróneo querer tipificar la dirección y el medio del lavado de dinero porque opera en todos los ámbitos de la economía.

A veces se focaliza en inversiones de gran envergadura, en otras circula campantemente en los sistemas financieros de los países, y hasta en su comercio exterior. Ya no se trata de drogas detectadas por perros adiestrados, de la que hablábamos al principio, sino de cuentas bancarias que circulan dinero por la vía electrónica a una velocidad asombrosa.

Estamos hablando de imperios financieros con altas gerencias y recursos sofisticados dirigidos por profesionales especializados en el negocio del lavado de dinero.

Se decía al inicio que el lavado de dinero es un acto cruel que oficia como uno de los puntales de la corrupción. Su modus operandi abarca el más amplio espectro y consiste en acciones como el cambio de identidades (este un dato importante), y bajo esta mampara se mueven fondos, se concretan depósitos, se efectúan exportaciones e importaciones inexistentes o fraudulentas. Asimismo, se compran, alquilan o venden bonos, acciones, y se articulan una serie de acciones interminables cuyo denominador común es el carácter oscuro de las mismas.

Ese dinero para lavar entra por la vía de los casinos, supermercados, el comercio exterior, los sistemas financieros, las inversiones en tierras, playas, inmuebles, restaurantes, etc. También ingresan por la vía de ciertos servicios profesionales, siendo el control para casi todos ellos muy difícil de efectuar. Otro de los puntos fuertes del lavado de dinero se focaliza en el ámbito de la comercialización de obras de arte y antigüedades, cuyas ramificaciones parecen no tener fin.

Si se considera que la revolución tecnológica con el dinero electrónico y las tarjetas inteligentes constituyen nuevas formas de transferir valores y que cada vez funcionan con mayor efectividad a partir de la complicidad del tráfico de influencias y los sobornos, el panorama para las autoridades de los países se vuelve cada vez más complicada por la carencia de recursos tecnológicos, etc..

Los paraísos fiscales que otorgan ventajas impositivas y garantizan el secreto bancario y financiero, constituyen un incentivo al lavado de dinero. Los nombres de esos países son conocidos y Nicaragua no forma parte de los mismos.

Debemos mantenernos en alerta porque estas son actividades mundiales, globalizadas, y el lavado de dinero no tiene fronteras. Los medios de comunicación, particularmente los escritos, pueden ser un excelente mecanismo de información seria sobre la envergadura de estas actividades, particularmente para Nicaragua. 

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